Medellín, ¿Qué vas a hacer con tantas bicicletas?

*Por: Carolina Chavate

Que el área metropolitana, que la calidad del aire, que los pulmones verdes, el cambio climático, que la construcción y su destrución, el espacio público, la Infraestructura, los Parques del río, la deforestación y su reforestación, el Río Medellín y el urbanismo, son las palabras que vuelan en el aire de Medellín porque están en boca de todo el mundo.

Podría comenzar este texto cuestionando “Querido Medellín, ¿vale la pena la tala de más 600 árboles?”. O, Señor alcalde, “¿Por qué no destina los recursos de todos en reforestación y protección de humedales a lo largo de toda la cuenca de nuestro río?”. Podría también, hablar del derecho a la ciudad y del eufemismo tras las palabras espacio público que estos proyectos llevan como bandera. Pero el caso es que más reversa tiene un avión y los proyectos tipo Parques del Río, están sobre la marcha como un animal salvaje, aunque los ciudadanos sigan incrédulos y en desacuerdo.

La idea de progreso que esta sociedad me ha dado es que llega una edad o un nivel de desarrollo profesional en la que “tenés que tener un carro”. El punto es que crecí, me gradúe, trabajé, seguí estudiando, me volví a graduar y ahora,  sueño con tener una bicicleta eléctrica. Según cifras oficiales en Medellín hay más de un millón cien mil (1’100.000) carros y motos… eso es mucho. La mitad de la población tiene mínimo un carro o una moto, ¡la mitad!… el progreso, ¿cierto?

Vía pinterest

Vía pinterest

Honestamente, nunca he soñado con tener un carro, soy usuaria del transporte público y con todas las dificultades y riesgos que ello implica, me transporto de manera alterna en bicicleta hace más de un año. Eso no me da un nivel de superioridad moral o me hace pertenecer a una secta urbana superdesarrollada, pero me genera satisfacción, no sólo porque andar en bicicleta es divertido, produce placer y bienestar corporal sino porque de alguna manera siento que le aporto algo a la ciudad.

“Un carro menos”, dicen algunos…

Hace dos años una persona que amé murió a bordo de su bicicleta. No podría decir si “se mató en la bicicleta” o fue un accidente y “lo mató un camión”, con algún culpable. Sólo sé que a muchos nos dolió porque era una persona que ardía la vida con tantas ganas. Hoy en su memoria cuelga suspendida  en la copa de un árbol, una bicicleta. Justo antes de llegar a Almacentro, si uno mira, hacía arriba la ve ahí, flotando como un fruto del árbol o como si a un avión se le hubieran abierto los compartimientos mientras volaba y la bicicleta  hubiera quedado anclada al árbol.

Bici Francisco Gaviria, Pacho.

Bici Francisco Gaviria, Pacho.

Por esos días comenzaron a instalarse bicicletas blancas o bicicletas fantasma, en algunos sitios de la ciudad para no olvidar a los ciclistas muertos en la vía. Algo que no sabía es que, es un símbolo que se usa internacionalmente. Muchas se las han robado, pero desde ese día he prestado más atención y he visto como el movimiento de las bicicletas ha evolucionado de manera responsable y colectiva; y sigue creciendo quizá por lo maravilloso que es andar en bicicleta… no es un cliché, es verificable, “hágalo usted mismo”.

Es increíble, el poco tiempo que te toma llegar a tu destino. Las distancias parecen acortarse y uno se pregunta, mientras pedalea, si las situaciones, actividades y tamaños de la ciudad se han ido desajustando a la dimensión humana. Antes solíamos tenerlo todo cerca para poder ir caminando a la velocidad de nuestros pensamientos.

Es increíble, ver como dejás atrás carros que se quedan estancados entre otros miles de carros y ruido. La caricatura de toda la neurosis de nuestra sociedad se podría resumir en el ruido precoz que produce un semáforo en amarillo.

Siempre que estoy en movimiento pienso “no puedo creer que mis piernas puedan hacer esto”. Entre lomas, pavimentos agrietados, y una carencia negligente de ciclorutas, uno se desliza por las calles recibiendo ciertas recompensas, por ejemplo: el premio que te da una loma, es el vértigo del descenso. Se pueden ver, oír, sentir todas las cosas de las que está hecha la ciudad. También se puede razonar con detalle y atención lo que sucede adentro y alrededor, en mi caso tengo un editor mental que se activa en la bicicleta y me inspiro y escribo, mientras navego en mi burrita.

Pero una de las mejores recompensas que te puede dar el movimiento de la bicicleta, es sentir que no estás solo, cada día somos más, nos miramos en los cruces de un semáforo con cierta complicidad positiva. Mujeres y hombres de todas las edades, en ropa deportiva o de oficina, en todoterreno, plegables, eléctricas, de alta gama, baratas, costosas y de todos los colores. A todos les hago la misma pregunta: ¿Te sentís respetado? E increíblemente casi todos me responden algo similar “Cada vez más”.

Foto de la cuenta de Instagram @zateliteoficial artista y activista del ciclimo urbano enMedellín.

Foto de la cuenta de Instagram @zateliteoficial artista y activista del ciclimo urbano enMedellín.

A velocidades más altas, como las de un carro, nuestra capacidad de captar belleza, de reflexionar sobre lo importante y nuestra curiosidad se atrofian, y ya no se pueden ver más que estorbos y oír más que ruidos. No nos inventamos el carro para poder llegar más lejos, nos inventamos las distancias, para poder usar esa máquina que nos aisla a unos de otros. Ahora que todo es más lejos y que por eso necesitamos la velocidad nos dicen que la solución acabará con la expansión de las vías, con más carriles, carriles subterráneos, carriles aéreos, carriles por todas partes. Y eso, lo único que significa es más y más carros. Ahora, quien compra carro, compra carro nuevo. Yo misma disfruté durante toda la universidad de transportarme en el carro de mi mamá de Envigado a Bolivariana diariamente. Era un lujo, y era costoso. Ya no me lo doy.

Lo gracioso es que con estos tacos ya ni los carros tienen velocidad, pero nuestras vidas siguen reduciéndose a lo mismo: cumplir con una agenda de ciudadano normal, que consiste en ir y volver. Y mientras tanto más y más bicicletas… Medellín, ¿Qué vas a hacer con tantas bicicletas? ¿Llegará el día en que el metro les de un vagón?

Por eso quiero finalizar diciéndonos: conductor, si amás lamerte las calles  con las ruedas de tu moto, carro o bus, amá más el movimiento en sí mismo que a la velocidad, recordá que hay seres vivos transitando el mismo espacio que vos y que estás abordo de una máquina que puede hacer mucho daño. Ciclista, cada vez somos más, un ciclista los representa a todos, y si sentís que en algún punto le estás aportando algo al mundo, andá con cuidado y responsabilidad, también hay normas que respetar.

Vía pinterest

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*Escritora freelance y contadora de historias. Web editor de El tour de la calle. Escribe en www.carolinachavate.com

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